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Tanatomanía

Noticias de Casandra

Fragmentos de futuro

Domingo Santos

294 páginas · 12 €
Edición agotada

Presentación




Se trata de una antología formada por los ocho mejores textos que se quedaron en el tintero al cerrar la revista Asimov, de la que fue director el reconocido y experto Domingo Santos.

Autores españoles e hispanoamericanos seleccionados para ofrecernos lo que hubiera podido ser «un número 22» de la revista.

El volumen incluye:

El fluir del tiempo de Domingo Santos.

Mi diario de J. E. Álamo.

La fuerza del destino de José Carlos Canalda.

La ausencia de oscuridad no significa presencia de luz de Juan Carlos Planells.

Kretacic rap de Vladimir Hernández y Ariel Cruz.

La isla de Pablo Dobrinin.

Cachorros de Roberto Bayeto.

Una de vampiros de Eduardo Gallego y Guillem Sánchez.

Con ella cumplimos doce años de edición ininterrumpida y absolutamente regular.





"Tenemos ante nosotros un menú degustación de ciencia ficción que nos ofrece unos atractivos entrantes para abrir boca, platos fuertes y otros de transición, y unos postres dulces para los más golosos.

Tras recibir el último estreno de la editorial decana dentro del género de la ciencia ficción en España, Fragmentos del Futuro, que tan gentilmente ha enviado a Fantasymundo, me dispuse a embarcar en una promesa de entretenimiento que no me ha defraudado. Mi vena bibliófila hace que tenga cierta querencia por cómo edita Espiral CF sus libros; su tamaño, cómodo de manejar, y el blanco inmaculado de sus hojas me traen recuerdos de lecturas bisoñas en mi niñez. No olvidemos que esta editorial trabaja sin ánimo de lucro y es de agradecer que exista una contención que persiga una buena relación calidad-precio.
Este título realmente acoge ocho relatos de autores hispanos que quedaron en el tintero tras el cierre de la versión española de la revista Asimov, dirigida por Domingo Santos, bajo el sello de Ediciones Robel. Todo aficionado a la literatura en general y al género en particular coincide en elogiar la tarea de Domingo Santos a la hora de coordinar los textos que nos ofreció la citada revista. El propio Santos nos explica, de manera políticamente correcta, las razones que obligaron a echar el pestillo a dicha publicación. Muchos quisiéramos oír su versión sin maquillaje del porqué una publicación de tales características no puede durar en nuestro país. De pago e impresa, se entiende.

No es el caso de la bilbaína y ya experimentada editorial Espiral Ciencia Ficción, la cual ha dado la oportunidad de que estas historias vean la luz. Aquel que se resista todavía a coger entre sus manos un libro que aglutine relatos breves tiene aquí una buena oportunidad para vencer el miedo. Historias pensadas y escritas en nuestro idioma por escritores ya consolidados, en unos casos, y habituales del fandom, en otros. Es una manera de tomar el pulso a lo que se escribe por nuestros lares y allende el Atlántico. Repasemos las firmas reunidas y sus propuestas.

El fluir del tiempo, de Domingo Santos.

El autor, polifacético profesional, es un muy buen aficionado (con ello defino a alguien que se entrega en cuerpo y alma a mantener vivo el género con la mayor calidad posible; y bien que se lo agrademos muchos) y tan sobradamente conocido que no me extiendo. Tan sólo, decir que me uno a su lamento por el cual muchos se llenan la boca por conocer su nombre y sin embargo no han leído tan siquiera su Gabriel (revisitado o no). Por favor, si alguien no lo ha hecho todavía, la propia espiral ciencia ficción lo reeditó recientemente y Planeta lo incluyó en su Biblioteca Clásicos de Ciencia Ficción.

Domingo Santos juega aquí con uno de sus temas favoritos, el viaje en el tiempo, y lo maneja con su habitual claridad de lenguaje y una sencillez de estilo que tan difícil es de alcanzar. Una corrección que nos sirve para meternos en medio de siete cronooperadores que son utilizados para visitar momentos históricos gracias a sus especiales cualidades. Sin grandes fuegos artificiales, la trama se canaliza de forma amena para al final, y como en muchas otras ocasiones consigue el autor, vernos obligados a reflexionar sobre el manejo que se podría llegar a hacer del tiempo. ¿Los protagonistas son poseedores de un don?, ¿una habilidad alcanzable?, ¿un poder? Interrogantes atractivos.


Mi diario, de J. E. Álamo.

Tras su profesión, seria y pragmática, se esconde un hombre que no olvida su infancia en Inglaterra (es hijo de emigrantes españoles). Ha empezado escribir a la tierna edad de 43 años en su género favorito: el fantástico. Su producción es breve, pero apunta maneras.

El relato es, eso, un diario postapocalíptico tras la invasión de la Tierra por parte de unas misteriosas esferas que todo lo arrasan, que, para más inri, cuentan con acólitos entre los humanos. El planteamiento ni es nuevo ni aporta nada original. Sin embargo, Álamo lo trata con expresiones coloquiales que persiguen ser cercanas y ofrecer un cierto carácter de realismo en directo. Muchos escenarios, que nos resultan excesivamente conocidos, hacen pensar que el autor se ha recreado en sus gustos cinéfilos y a veces más parece que va a salir un zombie de S. D. Perry por cualquier esquina que un alienígena al más puro estilo H. G. Wells. El relato tiene un ritmo rápido y sencillo que se deja leer y que confirma lo prologado, que Álamo es un buen aficionado que aportará más granitos de arena al género.



La fuerza del destino, de José Carlos Canalda.

Este alcalaíno nacido en 1958, doctorado en CC. Químicas, es habitual en webs y revistas y, entre otros, nos ha dejado profusos artículos sobre la literatura popular.

Canalda ha elegido para su propuesta una de las teorías relativas a los viajes en el tiempo, aquella en la que la propia línea temporal impide cambios que deriven en realidades alternativas. Que la física evite las paradojas es utilizado aquí, en una historia contada en primera persona, para jugar con un viaje que, a diferencia del primer relato de D. Santos, utiliza un artefacto basado en el prototipo del antes citado Wells. Visitamos el atractivo Renacimiento de finales del siglo XV, plagado con nombres propios de gran peso en nuestra memoria. Canalda utiliza una prosa de largas frases, aunque están medidamente acotadas para no perder el sentido ni el aliento. Desenlace previsible gracias a las pistas del autor, en un texto que habría dado para una novela, sin nada que envidiar al estilo de los bests sellers de Michael Crichton o de otros polémicos autores de tan fugaz y repentino renombre.


La ausencia de oscuridad no significa presencia de luz, de Juan Carlos Planells.

Otro autor conocido por los aficionados. Este barcelonés, nacido en el ecuador del siglo XX, tiene una prolífica producción de artículos, críticas y relatos, habiendo publicado en esta misma editorial “El corazón de Atenea”. Todavía escribe a máquina, varios relatos suyos salieron en la revista Asimov y en 2004, tras un periplo sin tener noticias de él, retornó con fuerza al panorama.

La nave Vulcano visita el planeta Tryx-23 y desde entonces uno de los protagonistas no vuelve a ser el mismo. La historia avanza gracias a los diálogos y sirve para que se reflexione sobre la universalidad de la simbología artística alienígena, distinta a cómo la entendemos en la Tierra. Otro arte es posible más allá y aquí, utilizando una correcta y clásica cifi, tenemos un ejemplo de ello.


Kretacic Rap, de Vladimir Hernández y Ariel Cruz.

Estos dos cubanos, el primero afincado en España, nos traen el relato más extenso de esta compilación. Aquí se unen para fusionar dos ideas que ambos proponen: la música negra y la teoría de los universos Beta que posibilitan los viajes en el tiempo (de nuevo nos encontramos con este tema, y empezamos a sospechar el origen del título que encabeza la portada, así como el nexo de unión de los textos elegidos). Recientemente, leyendo un artículo acerca de la teoría de universos conectados cuánticamente, observé que se acompañaba una ilustración que me recuerda a las esferas utilizadas en la portada.

Sin duda, éste es el plato fuerte del libro. Unos raperos del futuro, ricos y ávidos de experiencias nuevas, serán los protagonistas de un reality show en pleno período cretácico, bajo el amparo de toda la tecnología y asepsia posible del futuro. A la cabeza de los mismos, una Cocker Spaniel con inteligencia postcanina adaptada hará las veces de Mercedes Milá en un viaje retransmitido a una audiencia multitudinaria a nivel mundial. La historia rebosa cromatismo, tanto descriptivo como sintáctico. Una riqueza que, sin embargo, no entorpece el frenético ritmo impuesto al lector y que, aquí también, mezcla varios géneros para completar una aventura en estado puro. Los detalles están cuidados y no caen en equívocos provocados por jugar con algo tan voluble como el tiempo cronológico. Tras varios giros y climaxs, llegamos un final que da para más y que mezcla tópicos tan manidos como la intervención del Gobierno y el Ejército.


La isla, de Pablo Dobrinin.

Nacido en Montevideo, gozamos de otra aportación del cono sur americano. Periodista y literato, nos ofrece un relato muy breve.

Un pequeño cuento “celestial” que nos presenta La Isla y su razón de ser. Un funcionario, que todos hemos visto con resplandecientes trajes blancos en muchas películas, acompaña a un artista fracasado que claudica ante la vida. En su peregrinaje aprenderá una importante lección.

Una ensoñación que nos traslada a un cielo imaginado y que merece llegar hasta el final para entender lo que quería transmitirnos el autor.


Cachorros, de Roberto Bayeto.

Compatriota de Dobrinin, ya ha publicado en Asimov. Antiguo policía y autor de muchos relatos que no han visto la luz, elaboró los dibujos de la película “Mordedor”.

Con crudeza, Bayeto nos presenta a una raza de guerreros-cazadores en una Rusia que lidera uno de los bloques en los que de nuevo se ha divido el planeta. Mezcla de instintos primigenios y de manipulaciones genéticas, una cuidada educación transforma a los niños en peligrosas armas de destrucción. Se especula con una hipotética humanidad que de nuevo se sumerge en los infiernos de las guerras y los ideales políticos-económicos que nos retrotraen a siglos pretéritos. Con una escritura que expone sin tapujos la violencia, como anticipara en su naranja mecánica Anthony Burgess, ésta resalta más cuando se encarna en la inocencia de los niños.


Una de vampiros, de Eduardo Gallego y Guillem Sánchez.

E. Gallego (trabaja en el Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Univ. De Almería) y G. Sánchez (funcionario de la Admón. Pública en Mataró, Barcelona) iniciaron en 1994 la creación de un universo, UniCorp, que ha obtenido su justo reconocimiento incluso fuera de nuestras fronteras. Para el postre, Domingo Santos se ha reservado a estos dos autores por los que se nota siente predilección y a quienes ya ha publicado en el pasado. Este relato se incluye dentro de la serie de los antropólogos y de los que ya hemos leído: “Pájaro en mano” y “Requiescat in pace”.
De nuevo, al igual que los citados de la serie, el relato se estructura como una historia contada dentro de otra. Disfrutamos con el humor de esta pareja y la multitud de guiños al género. En resumen, nanotecnología y aventuras de una mujer que se convierte en protagonista sin quererlo.


Como en los restaurantes de moda, tenemos ante nosotros un menú degustación que nos ofrece unos atractivos entrantes para abrir boca, platos fuertes y otros de transición, y unos postres dulces para los más golosos; el conjunto nos hará pasar un buen momento de lectura, amena y fácil, y que cumple su cometido inicial, poner broche a la última aventura editorial que fue la ya extinta revista Asimov en España. Desde aquí, uno se lo agradece a D. Santos y a Espiral CF."

Jaime Santamaría de la Torre

(Crítica aparecida en Fantasymundo)