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adelanto Zaibatsu

Adelanto de ANTES DEL PRIMER DÍA

Adelanto La edad del vuelo

La edad del vuelo

Alberto Moreno Pérez

(Espiral Ciencia Ficción, nº 53)



Son las cinco de la tarde aquí, en Haut-Chamonix. El área de invitados de la más veterana de las grandes estaciones de salto ofrece al exterior un enorme ventanal convexo que circunda toda la primera planta, un reborde transparente reforzado con molduras de metal. A mis pies, bajo la mesa, la rejilla acristalada permite ver cómo dos de los tres cables de sujeción se diluyen en la distancia a medida que descienden hacia sus respectivos soportes en la superficie. Es un día claro, sin nubes. El macizo del Mont Blanc refulge a la luz menguante. Todo se mueve, pero este suave desplazamiento horizontal no parece afectar a nadie más que a mí. Quizás soy demasiado consciente de que estamos flotando en una isla de metal, cerámica y vidrio a casi seis mil metros de altura.
El enlace de PalleO, sentado a mi lado, me hace una seña indicando un extremo del salón circular: Van-Merr se acerca. Me sorprende. Casi no se ha hecho esperar. Aprovecho la distancia que aún nos separa para examinarlo a conciencia. Dudo si esa curiosa manera de caminar se debe al cimbreo de la estación o a la pérdida de la costumbre de desplazarse andando: Roberto Van-Merr no sólo es el Ala que tiene más horas de vuelo acumuladas, sino que posee los récord de permanencia en el aire y distancia recorrida a final libre (FED), además de haber sido el primero en realizar una maniobra Heimdall completa. Unos logros olvidados o quizás poco apreciados por los medios actuales, pero que demuestran la capacidad física, la destreza y la dedicación de este individuo de sesenta años, decano de todos los Hombres-Ala en activo. Embutido en un lustroso traje de vuelo, forrado de cuero marrón con nervaduras negras y naranjas, muestra su acentuado físico de Ala: pequeño, constitución delgada pero fibrosa, piernas ostentosamente flacas. Por supuesto tiene el tórax hinchado, casi deforme por los implantes que hacen que los antebrazos le cuelguen algo separados del tronco. Una apariencia que a pesar de todo no llega a ser grotesca. Y recordemos que está fuera de su medio. De hecho, si fuese más alto podría resultar incluso impresionante. Cuando llega a nuestra mesa me levanto y el comercial hace las presentaciones. Nos damos la mano. Un apretón suave pero no flojo. La edad sí se le refleja en el rostro curtido, de arrugas duras. En la redacción me han advertido de que se trata de un individuo hermético y de pocas palabras. Sin embargo su expresión es afable, quizás algo distraída. Tiene aspecto de buena persona. Nos sentamos y da comienzo la entrevista.

Vieille Vague: Tiene usted sesenta y dos años: es una edad poco usual para un deportista de élite. Entre los atletas profesionales pocos se le aproximan...

Van-Merr: Massino tiene cincuenta y cinco, creo. No está tan lejos. (Sonríe).

VV: Desde luego, y Massino es un atleta irrepetible. Pero la apnea de olas poco tiene que ver con las exigencias físicas del Vuelo... por no hablar de su trascendencia mediática. Como tiene también poco que ver su historia deportiva con la de cualquier otro profesional. No sólo empezó usted siendo adulto, sino que además no provenía de ninguna otra actividad similar, ni deportiva ni técnica...

V-M: Bueno, eso no es del todo cierto. Como ingeniero sí que seguí el tema desde las primeras pruebas y los primeros anuncios y artículos... de eso hace más de treinta años. Sí, ¿no?: treinta años. Era una curiosidad, una aplicación disparatada de la anomalía Durdeen-Conflicto. Pero cuando de verdad se empezó a desarrollar el Vuelo cambió mi interés puramente teórico y quise probarlo. Ciertamente, ni era piloto ni tenía demasiada experiencia en la aeronáutica deportiva, pero aún así fui de los primeros amateurs. Éramos pocos y no teníamos ningún interés en competir. Es que por aquel entonces a nadie se le ocurría imaginar aquello como un deporte de competición. Demasiado aparatoso y caro, aún sin los implantes...

VV: ¿Y qué fue de aquellos otros pioneros?

V-M: La mayoría desapareció con la creación de las grandes infraestructuras. Los patrocinios, los circuitos mundiales... el profesionalismo no les interesaba. Yo vi que iba a ser la única manera de poder seguir volando, así que me esforcé por mantener el paso. El Vuelo no iba a funcionar a nivel amateur, estaba claro. Luego, la tecnología de implantes acabó por espantar al resto.

VV: Menos a usted. ¿Por qué?

V-M: Pues... bueno, ya digo: yo sólo quería volar.

Van-Merr sonríe cuando lo dice, pero sus ojos retoman la expresión ausente del principio. Obviamente está haciendo un esfuerzo por mantenerse comunicativo, aunque es seguro que intenta complacer a sus patrocinadores –representados por el comercial que nos acompaña– antes que a mí.

VV: Y desde entonces se ha mantenido usted en los primeros puestos de las clasificaciones de las modalidades en las que ha ido participando. Ha pasado por todas las etapas de la competición hasta su madurez en nuestros días, encontrando su sitio en las pruebas de larga distancia representadas por el Vuelo Lento. Sin embargo, no hay actualmente ningún otro profesional que se dedique en exclusiva a esa especialidad. Es indudable que hoy por hoy existe una mayor afición a las disciplinas acrobáticas y de velocidad. Sin querer restarle méritos, está claro que ello redunda en una cierta escasez de competencia para usted...

¿Me he excedido? Curiosamente es el hombre de PalleO quien me fulmina con la mirada. Van-Merr encaja mejor mi entrada. Está claro que este tipo de comentarios no le son nada nuevos. De todas formas adopta una expresión más grave para contestarme.

V-M: Mire, es cierto que somos relativamente pocos los Alas que competimos en mi categoría; también es cierto que el desgaste físico y el riesgo son sustancialmente menores en el Vuelo Lento que en el acrobático. Pero volar bien es difícil; volar al nivel del Vuelo Lento es, bueno, realmente complicado. Quiero decir que lanzarse al cielo como un obús autopropulsado haciendo piruetas es... arriesgado y emocionante. Muy, muy espectacular. Requiere habilidad, valor y fuerza física, sí... pero no precisa tanto conocimiento: las alas de Campo sirven para volar, y en cierto sentido se las infrautiliza en esas exhibiciones de potencia.

VV: ¿Entonces el espectador medio –el no especializado, entre los que me incluyo– no sabría valorar las dificultades del Vuelo Lento?

V-M: Y por eso es menos popular, sí. Creo que la modalidad está mal... aprovechada. Ha evolucionado, se ha desarrollado mucho en todos estos años. Quiero decir que ha adquirido una sutileza difícil de explotar como espectáculo estándar. El principal efecto de ello es que cuesta más conseguir sponsor.

Van-Merr se gira un instante hacia el representante de sus patrocinadores. Luego me mira y sonríe. Lo cierto es que el Hombre-Ala funciona como reclamo más por su condición de pionero en activo que como deportista puntero. No deja de ser afortunado: el hecho es que si existen pocos Alas y la Federación de Vuelo no recibe más solicitudes de transformación es por lo pavorosamente cara que resulta la licencia. Pero aunque uno pudiera costeársela, luego quedaría el problema del mantenimiento y, sobre todo, las tasas de inclusión en los circuitos. Demasiado dinero moviéndose en la competición. Roche, Prentiss, Obhao, por decir unos pocos, han surgido de los programas de búsqueda de sus respectivos patrocinadores. Obviamente los beneficios publicitarios han de justificar la inversión.