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Alberto Moreno Pérez

JOAN ANTONI FERNÁNDEZ

Raúl A. López Nevado

Antes del primer día

Haznos una pequeña semblanza de ti mismo: quién eres, qué has escrito o publicado con anterioridad.

Nací en Mollet (Barcelona), en el Noreste, pero mi sangre viene del Suroeste, así que abarco en una línea diagonal toda la península, y miro con la misma nostalgia el Mediterráneo y el Atlántico. Elegí para nacer finales de 1979, más que nada para poderles decir a mis amigos nacidos en los ochenta que ellos no tienen ni idea de lo que era vivir en los setenta, con Led Zeppelin sonando de fondo, el “Españoles, Franco ha muerto”, la guerra de Vietnam y la crisis del petróleo.

Descubrí la magia de la palabra en la voz de Félix Rodríguez de la Fuente. Siempre he sido un apasionado de la naturaleza en general, y de los animales en particular. Sea como causa o como consecuencia de ello, ya de bien pequeño comencé a intentar escribir como Félix hablaba. Escribí mi primera novela (más tarde descubrí que era además de CF) con unos seis años. Versaba sobre unas hormigas gigantes o unos hombres reducidos al tamaño de hormigas (la obra se ha perdido, y no era muy original en todo caso, aunque, leñe: ¡tenía seis años!). Poco a poco, descubrí la literatura en sí misma. Siempre la que me transportara a mundos donde la naturaleza fuera lo fundamental, eso sí, de modo que primero fue Rudyard Kipling y luego Jack London.

Con la adolescencia vino la oscuridad, es decir Bram Stoker y Stephen King; pero también las historias de naves y del espacio, sobre todo Asimov, la Fundación y sus robots; así mismo Daniel Keyes y sus Flores para Algernon y algunos marcianos de Bradbury. Por aquel entonces estudiaba ciencias puras, y tenía una espinita clavada en el corazón, porque lo que yo más deseaba era estudiar biología, pero lo que más disfrutaba era literatura castellana y los planes de estudio no preveían que se pudieran estudiar ambas asignaturas a la vez. Entonces descubrí la filosofía, que era una cosa muy extraña que lo mismo hablaba de biología que de literatura y me quedé extasiado. Aquello era precisamente lo que yo quería estudiar. Para acabar de decidirme, me dije a mí mismo que me presentaría al premio literario del instituto y que si lo ganaba, me decantaría por letras puras para poder estudiar literatura castellana en COU. El año anterior ya había ganado el de prosa castellana; pero ese año los gané todos (poesía y prosa, tanto castellana como catalana). Así que fue como si el destino me confirmara que la elección era correcta.

Estudié la carrera de filosofía y compartí algunos textos con los amigos; pero las publicaciones no comenzarían hasta la llegada de Internet. El primer lugar en el que publiqué fue el SITIO de Ciencia Ficción. Nunca le estaré lo suficientemente agradecido a Francisco José Súñer Iglesias por esa oportunidad. Yo había escrito un largo artículo sobre la relación de Borges con la literatura fantástica, y pensé que el SDCF podría ser un buen lugar para publicarlo. Hoy no quiero ni pensar en la cara que debió de poner el bueno de Francisco al recibir aquel mazacote de páginas; pero la cuestión es que le gustó y decidió publicarlo, eso sí, por entregas. Luego publiqué relatos y artículos más cortos en el SDCF. Más tarde publiqué en Axxón, en Alfa Eridiani, en miNatura...; gané algún premio y quedé finalista en algún otro; pero sin ese primer reconocimiento de Súñer Iglesias me hubiera costado mucho más.

¿He dicho ya que soy un apasionado de la música? Pues bien, toco la guitarra, el bajo, la mandolina y el violín. No soy un maestro en ninguno de estos instrumentos; pero me defiendo más o menos bien en todos (por los océanos de Internet y de youtube me podéis ver en algunos grupos). Hacia 2007, era un ansioso consumidor de prensa musical en su vertiente técnica y pensé que podía ser buena idea unir mis dos pasiones, la literatura y la música, en una sola. Así que escribí a la revista Guitarra Total, que para mí era la mejor. Me pidieron algunos artículos, referencias sobre mis conocimientos musicales y literarios, y les gustó lo que les ofrecí. Trabajé en esta revista de tirada internacional (España e Hispanoamérica) durante casi tres años, y finalmente fue la crisis la que me arrancó de ella (a mí y a todo el equipo de redacción español de aquel momento).

Y bueno, aquí estamos ahora. De aquí a unos años, cuando Steven Spielberg compre los derechos para adaptar mi quinta novela, podré decir con todo agradecimiento que un tal Juan José Aroz, conocido por todos en el mundo de la CF española, me dio la oportunidad de publicar mi primer libro, y que sin él, no me hubiera sido posible llegar hasta ese punto.



¿Qué palabra, idea o sentimiento puede resumir el concepto de tu libro?

Búsqueda, enfrentamiento al destino, cadenas causales que se cruzan, se entrecruzan y se deshacen; pero de manera fundamental, también aventura y maravilla. Creo que ninguna buena historia puede estar completa si no hay esa parte de aventura y maravilla que te atrape y te deje pegado al sillón, esperando averiguar cómo es ése mundo, que el escritor está desvelando ante tus ojos.



¿Cuánto has tardado en escribirlo?

Tiempo propiamente de escritura, no demasiado. Tal vez tres o cuatro meses. Tiempo de reescritura, varios años, y estoy seguro de que si lo vuelvo a ojear, volvería a reescribir ciertas partes.



¿Cómo fue su realización? ¿Te ha costado mucho? ¿O, por contra, te salió de una manera fluida?

Me salió de una manera fluida, al menos la idea principal; pero luego tuve que enfrentarme a ella y esperar a que ciertos misterios se me desvelaran.

Hace poco descubrí, a través del blog de Eduardo Vaquerizo, una metáfora acerca de los modos de escribir que es de Javier Marías. En ella se contraponen los escritores de brújula a los de mapa. Bien, yo soy un escritor de brújula, sé a dónde voy y me dirijo allí con paso imparable; pero una vez llegado a mi destino, me toca trazar el mapa para que no se pierdan mis lectores.



¿Lees mucha CF? Coméntanos alguno de los últimos libros que hayan caído en tus manos.

Sí, procuro leer toda la CF que puedo. La verdad es que no entiendo a esos escritores que escriben en un género pero dicen no leerlo. Ojo, los respeto, el propio Bradbury, al que admiro profundamente, decía que no leía CF porque le parecía una especie de incesto; pero no comprendo cómo ni por qué lo hacen, pues me parece que si escribes un tipo de género es porque te gusta, y si te gusta escribirlo también deberías disfrutar leyéndolo.

Vamos con los libros, te hablaré de algunos de los que he leído en los últimos dos meses o así. Ayer mismo me acabé Sindbad en el país del sueño de Juan Miguel Aguilera. No es CF, aunque Aguilera es uno de los mejores escritores del género, e incluso en esta novela de fantasía puedes ver como su oficio de escritor de CF se hace presente en la minuciosidad con la que trabaja ciertos detalles. Me lo he leído prácticamente de una sentada, y eso se debe a su calidad, al puro sentido de aventura y maravilla que impregna todas sus páginas.

Para poder leer el libro de Aguilera recién salido del horno, interrumpí la lectura de 22/11/63 de Stephen King que, aunque me estaba pareciendo apasionante, dada su longitud, sabía que me tomaría bastante tiempo acabarlo. 22/11/63 es un libro de viajes en el tiempo, aunque no estoy seguro de que pueda llamarse CF ya que el viaje se produce de un modo más bien mágico que científico. No obstante, es una obra increíble. Soy un gran admirador de King, creo que suele mantener un muy buen nivel entre todos sus libros, pero de vez en cuando hay alguno como éste, que rompe todos los moldes. Es poético, es cruel, es brillante, es humano y fantástico a un tiempo.

Poco antes leí Memoria de tinieblas de Eduardo Vaquerizo. Había leído en su momento Danza de tinieblas y me había dejado muy buen regusto ese mundo steam punk donde nunca hubo Armada Invencible, y por tanto, tampoco derrota española, de modo que la distribución geopolítica de las grandes potencias llegado el s. XX es muy diferente a la de hoy en día. Sin embargo, Memoria de tinieblas me sorprendió muy agradablemente. Creo que es un libro con una estructura compleja y profunda, pero tan bien delineada que no te das ni cuenta de que está ahí. A nivel literario, es magistral la capacidad de Vaquerizo de hacer coincidir dos tramas alejadas en el tiempo, y articular la novela a partir de ellas.

Otro que he leído hace poco es Fieramente humano de Rodolfo Martínez. En este caso no se trata de CF, sino de fantasía oscura o algo así (no creo en la necesidad de encerrar con una etiqueta todas las obras literarias). Es un libro tremendo, con personajes absolutamente fantásticos pero a la vez absolutamente, fieramente que diría el propio autor, humanos. Martínez juega con el lenguaje desde el primer momento y te atrapa entre sus redes. Me encanta cómo es capaz de poner la poesía al servicio de una historia de terror.

Por cierto, ¿os habéis fijado que estos dos autores fueron en su momento autores de la colección Espiral CF? Si es que Juanjo tiene un ojo…

Acabo los comentarios de libros con Cenital de Emilio Bueso. Me pareció una muy buena manera de poner la CF al servicio del análisis de la situación social actual; pero sin sermonear en ningún momento, con una prosa directa, punzante y vívida. Tiene algún instante de adrenalina pura, mezclado con reflexiones salvajes. Un libro muy recomendable.



¿Quienes son los autores que más te han influido?

Esta pregunta es peliaguda porque, por un lado, no quiero dejarme a ninguno, y sé que lo acabaré haciendo; y por el otro: ¿se cuenta como influencia la de un autor que nunca has leído? Puede parecer retorcido, pero me explico. La primera vez que leí a Borges fue porque una chica me dijo que un texto que yo había escrito le recordaba mucho a él. La primera vez que leí a Rafael Marín fue porque un amigo me dijo que un relato mío se parecía a Lágrimas de luz. Y tenían razón en ambos casos. Tanto Borges como Marín me encantan, y los citaría entre mis influencias conscientes de hoy en día; pero es probable que hubiera tenido que citarlos también antes de haber leído nada de ellos. Así que, a veces, incluso de autores que no has leído recibes influencias.

Dicho esto, vamos a los que sí que he leído, que son de los que puedo hablar. Stephen King, Ray Bradbury, Isaac Asimov, Neil Gaiman, Arthur C. Clarke, Clifford D. Simak o Stanislaw Lem han sido fundamentales en mi formación como escritor. Me han influido con sus temas, sus obsesiones y su forma de exponer sus historias. Sin embargo, por buena que sea una traducción, o bueno que seas tú leyendo en otra lengua, escribir es juntar palabras, y eso sólo puedes aprenderlo de verdad de autores que escriben en la misma lengua que tú.

Así que aquí van, casi a vuela pluma, algunos de mis autores castellanohablantes favoritos: Jorge Luis Borges, Domingo Santos, Julio Cortázar, Juan Miguel Aguilera, Arturo Pérez Reverte, Rodolfo Martínez, Juan Eslava Galán, Rafael Marín, Eduardo Vaquerizo, Carlos Ruiz Zafón o Eduardo Mendoza.

Vuelvo a decir antes de acabar con esta sección que me estoy dejando autores, que mi memoria no es lo suficientemente potente como para enumerarlos a todos, así que para aquéllos que me haya podido dejar, vayan mis disculpas, y mi promesa de nombrarlos la próxima vez que se me pregunte por mis influencias.



Tanto de CF como de cualquier otro género, ¿qué libros son los que tú puedes considerar obras maestras y por qué?

Creo que una de las diferencias fundamentales entre una obra maestra y una buena novela reside en el sentido de la maravilla, y soy consciente de que estoy diciendo precisamente lo contrario que los grandes popes de la alta cultura predican pero: ¿Alguien que haya leído La Odisea, La Divina Comedia o El Quijote puede dudarlo? Los tres libros son, sin lugar a dudas, obras maestras de la literatura, y lo primero que uno descubre al acercarse a ellos sin prejuicios es que son historias donde el sentido de la maravilla y la aventura están presentes desde el primer momento.

Una buena novela te entretendrá y te hará pasar un buen rato; una obra maestra te arrancará del sillón y te arrojará en medio de su mundo, te dejará con los ojos abiertos como platos, y el corazón palpitando como si se te fuera a escapar del pecho. Guiado por este criterio, creo que Flores para Algernon de Daniel Keyes es una obra maestra. También lo es la saga de La Torre oscura de Stephen King. Canción de hielo y fuego comenzó siéndolo, pero me temo que a Martin se le ha escapado de las manos. Mundos en el abismo de Juan Miguel Aguilera y Javier Redal lo es sin lugar a dudas. Como lo son también Fieramente humano de Rodolfo Martínez, o Danza de tinieblas de Eduardo Vaquerizo. Lo es La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro; lo es La insoportable levedad del ser de Milán Kundera y La balsa de piedra de José Saramago; lo son también Crónicas marcianas de Ray Bradbury y 2001, una odisea espacial de Arthur C. Clarke o al menos la mitad de la producción de Stanislaw Lem.

Estoy seguro de que muchos de los autores de arriba se escandalizarían si me oyeran decir esto (el mismo Stephen King, que dice de sí mismo que es a la literatura lo que el fast food a la gastronomía); pero a fin de cuentas ellos tan sólo han escrito esas historias, es en los lectores donde está la potestad de juzgarlas como obras maestras. Y cuidado, no en todos los lectores. Yo leo sin prejuicios, me enfrento del mismo modo a Tolstoy que a Bradbury y procuro juzgar sus obras por lo que son: una colección de palabras que explican una historia. Si la historia es interesante y las palabras están bien juntadas, entonces la obra es buena; si cualquiera de las dos cosas falla, entonces es mala. La división entre una alta y una baja literatura me parece una clasificación snob que no beneficia a nadie, salvo a los majaderos que la sustentan con la intención de poder seguir mirando por encima del hombro a los demás. Y creedme, he estudiado filosofía y sé de que hablo cuando hago una crítica como ésta…



¿Cómo ves el panorama de la CF mundial?

Bien. La ciencia ficción, a parte de en los cincuenta, nunca ha sido un género de masas; pero sólo hace falta echar una ojeada a la cartelera del año pasado, con superproducciones como Prometeus, Star Trek en la oscuridad u Oblivion, para ver que la CF sigue interesando y mucho. Tal vez un poco más cada año, a medida que nuestro mundo se va pareciendo a los mundos de la CF, o cuanto menos, es cada día un lugar más inestable y más extraño.

En cuanto a la literaria, reconozco que me he de poner al día. Los autores extranjeros más modernos que he leído son probablemente Kim Stanley Robinson y Robert J. Sawyer. No se trata tanto de desinterés, como de falta de tiempo. Desde hace años, procuro leer toda la CF clásica que puedo; pero en cuanto a novedades, procuro leer lo escrito en castellano. Y esto me lleva a la respuesta a la siguiente pregunta.



¿Y español?

Creo que la CF en español vive un buen momento. Hay escritores con un nivel altísimo, y la gente que estamos un poco metidos en el mundillo, los leemos y los disfrutamos. Sin embargo, sigue siendo muy difícil vivir sólo de lo que escribes y eso es un problema grave, porque la falta de dedicación completa hace que muchos buenos libros se queden por el camino y no lleguen a ver la luz. En España, y en general, siempre ha funcionado una especie de chauvinismo al revés que hace que haya una cierta inclinación a no consumir lo que se hace aquí y buscar, en cambio, lo que se hace en el extranjero que parece que tiene más glamour. A eso se le ha de sumar un cierto desinterés generalizado en la lectura.

Hace años, viví durante una temporada en Irlanda, y aluciné con el interés generalizado en la lectura. Los chavales, en concreto, leían mucho y había en consecuencia un mercado literario rico dirigido a ellos. En España, ser un lector voraz de niño es ser el raro de clase. No hablemos ya de adultos. La gente no tiene tiempo para leer por todas las responsabilidades anejas a la madurez; pero tiene tiempo de ver varias horas de televisión al día.

No sé, es un tema que me causa una cierta desazón. Siempre se suele poner como excusa el clima. Se dice que es normal que en el norte de Europa se valore más la cultura, porque la lluvia y el frío invitan más a permanecer en casa y leer; pero ¡venga hombre!, ni los griegos de la época clásica, ni los italianos del Renacimiento o, ya puestos, nuestros paisanos del Barroco tenían mal clima tampoco, así que esa excusa no me vale.

Con todo, creo que el panorama es bueno, aunque necesita sustentarse en la actitud heroica de algunos particulares, como tú mismo, Juanjo, que luchan contra viento y marea para que los autores españoles tengamos una oportunidad.



Después de este libro tuyo en Espiral, ¿cuáles son tus planes? ¿Estás escribiendo algo ahora mismo?

Cuando tú me confirmaste que Antes del primer día te interesaba, acababa de finalizar La marca del petirrojo. Se trata de una novela bastante más larga y con un halo de fantasía oscura más que de Ciencia Ficción. En cierto sentido es un cruce bastardo entre Neil Gaiman y Stephen King. Tiene un submundo fantástico terrorífico parecido al de la Neverwhere de Gaiman, y transcurre en un pueblo ficticio, al estilo del Derry de King, sólo que en unos alrededores indeterminados de Barcelona, que es lo que yo conozco bien, en lugar de Maine. Me la llevo a mi terreno más propio, además, incluyendo ciertas pinceladas musicales que espero que sean seductoras para los lectores (¡y los editores!).

Ahora mismo tengo esta novela “en barbecho”. Está terminada y revisada un par de veces; pero la quiero dejar descansar al menos unos meses más, porque sé que no la podré mirar con ojos verdaderamente objetivos hasta que no esté lo suficientemente lejos de ella. Así que he comenzado a escribir una nueva novela. No puedo decir mucho todavía, pues me encuentro en la fase de descubrirla con una brújula y una pequeña linterna. Sé de momento que transcurre a medias en el periodo de la Guerra Civil y en la actualidad, y que vuelvo a retomar la CF. Mi intención es escribirla todo lo del tirón que pueda y entonces volver a La marca del petirrojo para revisarla. Mientras le busque editor, dispondré de tiempo para seguir escribiendo esta nueva historia.

Y por ahí andan mis planes más inmediatos ahora mismo. Pienso que si eres escritor tienes que escribir. En el momento que dejas de escribir, dejas de ser escritor, así que mi intención es seguir dándole a la tecla sin descanso.