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Felipe Colorado

Diana P. Morales

Ramón Merino Collado

1- Haznos una pequeña semblanza de ti mismo: quién eres, qué has escrito o publicado con anterioridad.

Me llamo Ramón Merino Collado, y soy escritor. Nací con una estilográfica bajo el brazo, toda una declaración de intenciones ya a tan temprana edad. Los psicólogos afirman que adoptamos roles en nuestro vagar cotidiano; si es así, mi máscara es la de escritor. No es que me gane la vida con ello, claro. Ejerzo de profesor de matemáticas e informática en un instituto de Baeza (Jaén); pero soy escritor. Me he alzado con algunos premios literarios, pertenezco a la asociación Nocte, Grupo Ajec ha editado mis cuentos y ahora estreno libro con Espiral Ciencia Ficción; pero aunque jamás me hubieran publicado nada seguiría siendo escritor. Lo llevo en la sangre, en lo más hondo del alma, se me dibuja en la piel, se me lee en los ojos. Soy escritor, qué le vamos a hacer. Sin escribir estaría perdido y probablemente me deportarían al espacio por inconcluso.

2- ¿Qué palabra, idea o sentimiento puede resumir el concepto de tu libro?

Sintetizar un libro tan complejo en una sola palabra o idea supone todo un reto, con más razón al integrar dos historias tan diferentes. Pero quizá una buena opción sea la palabra conflicto, en un sentido amplio. La guerra tiene muchas dimensiones, también existe una guerra psicológica que constituye la raíz del conflicto armado, el origen de los enfrentamientos físicos entre los hombres. El ser humano es intelectualmente heterogéneo, pensamos de modos muy distintos y eso está bien; el problema surge cuando imponemos nuestras opiniones, cuando depreciamos la tolerancia y el respeto y convertimos nuestro juicio en evidencia, nuestras ideas en ideologías. El hombre es un lobo para el hombre en cuanto que transgrede la libertad de los demás. Por eso he llamado al conjunto De monstruos y trincheras, porque a pesar de las diferencias entre ambas novelas hay un denominador común que es la guerra, la guerra en escenarios fantásticos; una guerra donde los contendientes, como en todas las guerras, son monstruos, a veces literales y a menudo bastante humanos.
3- ¿Cuánto has tardado en escribirlo?

Las dos novelas que componen De monstruos y trincheras son antiguas, más aún que El teatro de los prodigios, al menos en sus primeras versiones. No recuerdo con exactitud cuánto tarde en escribirlas en su día; en corregirlas y prepararlas para Espiral CF he echado unos meses. Suelo tener un buen ritmo escribiendo, aunque lo compenso con un proceso de pulido lento y escrupuloso.

4- ¿Cómo fue su realización? ¿Te ha costado mucho? ¿O, por el contrario, te salió de una manera fluida?

La escritura suele salirme fluida, aunque luego el texto requiera de mucha corrección. Digamos que divido el proceso de creación literaria en dos etapas: una primera en la que me centro en el fondo y otra posterior en la que pulo la forma.

En cuanto a De monstruos y trincheras, su realización ha sido un tanto peculiar. En primer lugar remití a Espiral Ciencia Ficción La Guerra de los Sueños, una novela coral de corte épico con reflexiones filosóficas, multitud de personajes, escenarios oníricos y un planteamiento exótico. Juan José Aroz aceptó publicármela, pero me propuso completarla con otro texto de cosecha propia para conferir volumen al libro. Recurrí a una narración que esbocé tiempo atrás pero que necesitaba un buen lavado de cara. Me puse manos a la obra; prácticamente tuve que reescribirla, aunque respeté la esencia de la historia para que no perdiera esa frescura que la hacía tan especial y que la convertía en un buen complemento antitético de La Guerra de los Sueños, más épica, seria y ambiciosa. La penúltima danza del Griwll, a la postre, acabó erigiéndose en un texto paródico con toques de novela negra, repleto de clichés premeditados, que remeda el asalto a la fortaleza, el camino del héroe de Campbell, las invasiones alienígenas y el terror de los estados totalitarios.

5- ¿Lees mucha CF? Coméntanos alguno de los últimos libros que hayan caído en tus manos.

La ciencia ficción no es mi género predilecto, aunque es afín a géneros que sí están entre mis preferidos (la fantasía urbana, el realismo mágico…). Con todo, de cuando en cuando me gusta volver a ella y renovar el sentido de la maravilla y la imaginería especulativa a través de lecturas seleccionadas. Muchas de las novelas que considero imprescindibles son de ciencia ficción, como 1984 de George Orwell o las obras de H. G. Wells. También me gustó mucho la Trilogía de la Fundación de Isaac Asimov (aunque sus relatos de robots no me terminan de convencer), así como El juego de Ender de Scott Card, Pórtico de Pohl, Crónicas Marcianas de Bradbury, los cuentos de Dick y Chiang… Pero sin duda mi obra de ciencia ficción favorita es la Bilogía de Hyperion, de Dan Simmons. Se halla entre mis diez preferidas de cualquier género e integra todo lo que para mí debería ser la ciencia ficción.

6- ¿Quiénes son los autores que más te han influido?

Cada libro ha tenido sus referentes. En los primeros cuentos hay mucho de los americanos del realismo mágico y del fantástico en general tales como Cortázar y Borges. También me han influido autores patrios, entre los cuales suelo mencionar a César Mallorquí, Rafael Marín, J. Antonio Cotrina y Félix J. Palma. Trato de leer un poco de todo, pero reconozco mi querencia por los autores que escriben en castellano. Si los autores son buenos, se aprende mucho más con sus obras que con cualquier traducción, por magníficos que sean el traductor y el narrador original. En la traducción se pierden los matices del idioma, mientras que con las obras escritas en español logramos una comunicación directa entre escritor y lector, sin ruido, pérdida ni interferencias.

7- Tanto de CF como de cualquier otro género, ¿qué libros son los que tú puedes considerar obras maestras y por qué?

Nunca he sido muy amigo de conceptos absolutos como el de obra maestra. El arte es subjetivo por naturaleza, y el canon literario tradicional en algunos casos me parece el traje nuevo del emperador (una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, que diría Goebbels). Muchas de las supuestas obras maestras de la literatura universal a mí me resultan más bien ramplonas y, sintiéndolo en el alma, la necesidad de un contexto en que encuadrarlas no salva su sosería. Por supuesto, soy un nihilista a medias: sí que hay muy buenos autores consagrados que merecen su renombre. Pero también descubro a menudo muchas otras plumas excelentes que ni siquiera están publicadas. Uno encuentra poesía en los lugares más insospechados, en un grafiti, en una canción, en el cuento de un prometedor alumno.

A lo que voy es a que, aunque tengo mis preferencias y ya he señalado algunas, no expondré aquí ningún nombre categórico. Incluso dentro de mi propio arbitrio, la novela que hoy me parece una obra maestra igual mañana la desbancan otras diez. La literatura, en cuanto arte, no admite dogmas. Las listas absolutas las crean los hombres, no la literatura.

8- ¿Cómo ves el panorama de la CF mundial?

Creo que la ciencia ficción goza de una buena salud encubierta. La ciencia ficción siempre ha adolecido de mala fama a través de una miríada de sambenitos que no resultan fáciles de extirpar, por eso es lógico que muchos autores y editores del género prefieran encubrir la etiqueta. De este modo, se vende como literatura generalista narrativa claramente adscrita a la ciencia ficción. Obras como Los juegos del hambre, La chica mecánica, La carretera o El mapa del tiempo son historias tradicionales de ciencia ficción. Otra cosa es que quienes decidimos mostrar abiertamente los ropajes del género seamos más o menos repudiados por el común de los lectores. Y nuestra propia reacción no es que ayude mucho. En mi opinión el fandom, al menos en este país, constituye un mundo demasiado cerrado, como si conscientes de la infamia optásemos por aislarnos en un gueto y retroalimentarnos en lugar de luchar por derruir las fronteras, y esto, claro, le hace un flaco favor a la ciencia ficción.

9- ¿Y español?

El mercado de géneros minoritarios se está cayendo a pedazos. El libro electrónico y la crisis económica han ocasionado el cierre de muchas editoriales medianas y pequeñas. El incremento de opciones de publicación, opciones que se saltan la figura del editor tradicional (muy importante en su papel de prescriptor, ya que actúa como filtro de calidad literaria), ha propiciado la aparición de multitud de textos descuidados, y esto tampoco le hace ningún favor a la literatura (ojo, hay muy buenos manuscritos sin editorial, pero también otros que no lo son tanto). Editar un libro es hoy más fácil que nunca, pero vivir de la pluma, por el contrario, nunca ha sido tan difícil.

Pero no todo es negro en este panorama. En el corazón del caos siempre se oculta un nuevo orden. Los antiguos modelos de mercado agonizan para dar paso a los modernos. La actual crisis encierra un cambio; habrá una reestructuración del negocio literario, pero la literatura como tal perdurará. La ciencia ficción siempre ha sido un género de minorías, aunque también un género que ha sobrevivido a las fluctuaciones del mercado. Estamos pasando por una mala racha, pero resurgiremos cual Fénix de nuestras propias ascuas, y quizá en la renovación anide una mejora.

10- Después de este libro tuyo en Espiral, ¿cuáles son tus planes? ¿Estás escribiendo algo ahora mismo?

La escritura de mi última novela, Memorias paganas, y la revisión de De monstruos y trincheras me han dejado bastante exhausto, así que ahora me estoy regalando un paréntesis en la labor escritora. Pero ya tengo en la cabeza nuevas ideas que a buen seguro abordaré en breve, mientras repaso por última vez Memorias paganas y la empujo fuera de casa para buscarle una novia editorial.