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Félix Díaz González

José Antonio Suárez

José Manuel González

“Terápolis” (Espiral CF, nº 57)

Haznos una pequeña semblanza de ti mismo: quién eres, qué has escrito o publicado con anterioridad.

Soy un aficionado a la ciencia ficción que un día decidió escribir relatos como los que me apasionan desde la niñez.
Mi primer contacto con el género fue, como sucedió a otros muchos de mi generación, a través del televisor.
Recuerdo las tardes que, sentado en el suelo con mis amigos, veíamos la serie “Viaje al fondo del mar” en uno de los pocos televisores a los que teníamos acceso en el barrio. Allí se gestó la afición que alimenté más tarde con los libros de la editorial Bruguera, que aún conservo en mi biblioteca tan amarillos que apenas pueden leerse.
Durante muchos años solo fui lector pues siempre me llevé mal con la asignatura de literatura, lo que me hizo decantarme por ciencias, pero aproveché una oportunidad en una revista deportiva que me incluyó entre sus colaboradores y, poco a poco, conseguí pulir mi estilo lo suficiente como para atreverme a poner por escrito relatos que intentaban parecerse a los de los autores que más me gustaban.
Tengo poco material escrito, pero he tenido la suerte de publicar casi todo. Prácticamente solo he escrito ciencia ficción para el concurso Alberto Magno y para el de la Terbi. La verdad es que apenas tengo tiempo para la literatura y, además, prefiero escribir poco y que me satisfagan los resultados, a acumular páginas y páginas en el disco del ordenador.

¿Qué palabra, idea o sentimiento puede resumir el concepto de tu libro?

Es una novela de ciencia ficción juvenil.
Todos los adultos hemos sido alguna vez jóvenes y hemos pasado por las fases de inseguridad, búsqueda de un patrón vital e identidad que sufren los protagonistas.
Me gustan las que describen viajes iniciáticos que transcurren en escenarios exóticos y futuristas.
Algunos dirán que esta novela se parece a otras similares que se están llevando a la pantalla, con gran éxito, por cierto, pero es porque pertenece a ese subgénero y todas utilizan patrones parecidos, como lo hacen las del oeste o las románticas.

¿Cuánto has tardado en escribirlo?

Exactamente: trece meses, a ratos libres.

¿Cómo fue su realización? ¿Te ha costado mucho? ¿O, por el contrario, te salió de una manera fluida?

La verdad es que esta novela me fue mucho más fácil de escribir de lo que creí en un principio, comparándola con otros relatos cortos que tuve que corregir una y otra vez.
Gracias a ello he conseguido eliminar una de mis manías de escritor, que era escribir solo durante las primeras horas del día.
Capítulos enteros de esta novela han sido escritos de noche, a unas horas en las que, antes, mi creatividad estaba bajo mínimos.
Como no tenía experiencia en obras largas escribí la primera mitad con la técnica del relato corto y se lo di a leer a varias personas. De sus comentarios descubrí que el lector se perdía en un exceso de detalles, así que reestructuré la historia haciéndola más ligera, añadí un mapa al principio para hacer más fácil seguir el viaje de los protagonistas, y un diálogo intercalado que la protagonista tiene, ya anciana, con su nieta, mientras le relata sus aventuras.
Una vez diseñado el escenario, que posiblemente es el más complejo que he utilizado nunca, los personajes secundarios, sus circunstancias y personalidades parecieron brotar espontáneamente, adaptándose a la trama del relato.

¿Lees mucha CF? Coméntanos alguno de los últimos libros que hayan caído en tus manos.

Ahora mismo poco, lamentablemente.
Estoy leyendo A vuestras mentes dispersas, y después me pondré con vuelta a la tierra, el libro anterior al mío en la lista de Espiral CF.

¿Quiénes son los autores que más te han influido?

Los clásicos. Los que más me han influido los pondría en este orden: Jack Vance, T.J.Bass, Larry Niven, Robert A. Heinlein y Arthur C. Clarke.

Tanto de CF como de cualquier otro género, ¿qué libros son los que tú puedes considerar obras maestras y por qué?

En el género hermano de la fantasía: El señor de los anillos, porque me encanta el complejo universo que crea Tolkien para sus historias y su magistral y aparentemente sencillo estilo literario.
En ciencia ficción, varios: Mundo anillo, Tiempo para amar, Más que humano y La ballena Dios, de T.J.Bass, Cita con rama, y los ciclos de Tschai y El hombre sin rostro, de Jack Vance.
Todas estas novelas tienen en común escenarios majestuosos y un incomparable sentido de la maravilla.

¿Cómo ves el panorama de la CF mundial?

Bien, si incluimos el mundo audiovisual. Al contrario que otros, creo que las películas de ciencia ficción están haciendo más por el género que todos los libros escritos con anterioridad.
La facilidad de acceso y la espectacularidad del cine y las series atraen hacia el género a un público, mayoritario, que nunca llegaría a conocerlo si tuviera que leer las mismas historias en libros.

¿Y español?

Los que tenemos unos años hemos visto evolucionar el panorama de la ciencia ficción nacional desde uno, con pocos y excelentes autores, a otro en el que abundan escritores que quizá no destaquen tanto como los anteriores, pero que consiguen una calidad media sobresaliente. Solo hay que ver cómo ha aumentado la competitividad en los concursos literarios, que muchas veces ganan autores prácticamente desconocidos con obras sorprendentemente buenas.
Otro tema es el editorial, que sufre por factores que poco tienen que ver con la calidad de sus publicaciones, como los cambios en las costumbres de los lectores y en el mercado.

Después de este libro tuyo en Espiral CF, ¿cuáles son tus planes? ¿Estás escribiendo algo ahora mismo?

No estoy escribiendo nada y estoy indeciso.
Terápolis, aunque es una novela con principio y final, puede continuarse y convertirse en una trilogía. Seguramente esperaré a ver la acogida que tiene y decidiré, en base a ello, continuarla o no (agradecería comentarios).
También tengo pendiente componer una antología con los relatos que tienen como protagonista al teniente Ruiz, y continuar algunos de los relatos premiados y publicados en Recuerdos de la Vieja Tierra, que terminan un tanto abruptamente.