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José Manuel González

José Antonio Suárez

La máquina de la felicidad (Espiral CF, nº 58)

La máquina de la felicidad (Espiral CF, nº 58)

1- Haznos una pequeña semblanza de ti mismo: quién eres, qué has escrito o publicado con anterioridad.

Allá por 1996 empecé a publicar mis primeras novelas en formato digital, en revistas de informática como PC Manía y luego en mi propia web. De ahí pasé a la edición en papel: Juanjo Aroz fue el primero que creyó en mí y me publicó un libro, “Nuxlum”, en el año 2000, que se convirtió en el número 20 de la colección Espiral CF, colaboración que repetí en 2003 con “Peregrinos de Marte”. He publicado unas quince novelas en diversas editoriales, tratando fundamentalmente la ciencia ficción, pero también el thriller, la novela negra, el terror, la política ficción y la ucronía. Hay autores que se limitan a un universo concreto, pero a mí me gusta explorar otros campos. Me resulta aburrido escribir una y otra vez sobre lo mismo y trato de abrirme, con mayor o menor éxito, a otros territorios. Unas veces se obtiene el respaldo de los lectores y otras no, pero lo importante es divertirse y aprender algo durante el proceso. Es lo que nos permite avanzar y superar nuestra propia inercia.



2- ¿Qué palabra, idea o sentimiento puede resumir el concepto de tu libro?

Te respondo con otra pregunta: ¿Sacrificarías tu libertad a cambio de ser feliz? El cerebro funciona a base de química y electricidad, y descubrir los engranajes que lo mueven podría transformarnos radicalmente, si es que no nos gusta cómo somos. Si no podemos cambiar la realidad, ¿por qué no cambiarnos a nosotros mismos? La llave de la felicidad activa los centros cerebrales del placer, pero tiene un precio. Quizá a la mayoría de la gente no le importe pagarlo, y eso es peligroso, porque quien controle el resorte de la felicidad tendrá una poderosa herramienta para manejar a la población a su antojo.

La novela también habla de los psicópatas, de cómo detectarlos e impedir que causen daño a los demás. Se los asocia con ligereza al mundo del crimen, pero psicópata no es sinónimo de asesino. Suelen ser personas inteligentes, ególatras, narcisistas y despiadadas. No sienten nada cuando dañan a los demás, y eso las convierte en peligrosas. ¿Podría la ciencia ofrecernos un método para prevenirnos de ellas?



3- ¿Cuánto has tardado en escribirlo?

No mucho. Lo que más cuesta es tener una idea potente que inicie el proceso. En total ha sido menos de año y medio.



4- ¿Cómo fue su realización? ¿Te ha costado mucho? ¿O, por el contrario, te salió de una manera fluida?

La idea surgió a raíz de ver un episodio de la serie House (para que luego digan que la televisión no sirve para nada). Una vez que tuve el concepto claro, pensé: pero ¿adónde voy? Philip K. Dick ya escribió un libro sobre algo similar. Claro que después me dije: todo lo que puedas pensar se ha pensado ya y lo único que te queda es narrarlo de un modo diferente. Hasta escribí una novela sobre esa idea tan incómoda, “Nada nuevo bajo el Sol”. Así que me puse manos a la obra.

Mi método de trabajo se compone de dos fases: la primera es la documentación y recolección de notas, que es la más laboriosa. Cuando está el argumento maduro, empiezo la segunda, que es la escritura de la novela. Lo difícil es arrancar, encontrar la idea motriz, la mula que tire del carro. Una vez que el proceso está en marcha, los personajes dirigen el argumento y el escritor se deja llevar.



5- ¿Lees mucha CF? Coméntanos alguno de los últimos libros que hayan caído en tus manos.

Últimamente no leo demasiada CF, pero en relación a nuestros autores, de los títulos recientes que he saboreado disfruté con “Titanes”, de Félix Díaz, una joya que merece una mejor distribución, “A vuestras mentes dispersas”, de Joan Antoni Fernández, en mi opinión el mejor título de este veterano autor y, aunque el terror no me vuelve loco, “Noche cerrada”, “Esta noche arderá el cielo” y “Cenital” (estas dos últimas se pueden considerar CF), de Emilio Bueso.

6- ¿Quiénes son los autores que más te han influido?

Philip K. Dick fue un autor adelantado a su tiempo, que aún tiene una poderosa influencia en el género, y del que me declaro seguidor. Fredric Brown, al que deberíamos reivindicar más a menudo, Connie Willis, que brilla en las novelas cortas, o Pohl, Silverberg y Asimov, de los que creo que sobran glosas a estas alturas. A su lado, somos enanos a hombros de gigantes.



7- Tanto de CF como de cualquier otro género, ¿qué libros son los que tú puedes considerar obras maestras y por qué?

“La conjura de los necios”, de John Kennedy Toole, “Oveja mansa”, de Connie Willis, “Hiperión”, de Dan Simmons, “El padrino” de Mario Puzo, “1984”, de George Orwell, “El perfume”, de Patrick Süskind, “El prestigio”, de Christopher Priest, “La historia interminable”, de Michael Ende, “Los propios dioses”, de Asimov, o, por citar alguna obra reciente, “La verdad sobre el caso Harry Quebert”, de Joel Dicker. Obras de una enorme fuerza que, años después de haberlas leído, dejan impronta en el lector. Novelas que perduran. ¿Cómo se convierte el grafito en diamante? He buscado una máquina que haga eso, pero no la he encontrado. Citando al maestro John Williams, «la calidad es muy difícil de definir, pero yo la reconozco cuando la leo» (en honor a la verdad, él dijo oigo).



8- ¿Cómo ves el panorama de la CF mundial?

En la edad de oro del género las novelas eran autocontenidas. En apenas trescientas páginas, el autor te ofrecía una exposición, un nudo y un desenlace eficientes. ¿Qué pasó luego? La CF empezó a declinar en favor de la fantasía: trilogías, pentalogías, series interminables que siguen ampliándose después de la muerte del autor… Parece que el gremio de autores de CF pensó que ahí estaba su santo Grial y empezó a inflar las novelas. Pero perdieron frescura, son menos apasionantes, son reiterativas. Me ha alegrado mucho descubrir nuevas tendencias, como los casos de Andy Weir o Ernest Cline. Si queremos recuperar la época de gloria de nuestro género, deberíamos regresar a la senda de los grandes y escribir novelas que atrapen al lector, apartar la grasa que engorda artificialmente los libros y concentrarnos en el músculo, en historias consistentes que no se vayan por los cerros de Úbeda y nos hagan disfrutar.

9- ¿Y español?

A consecuencia de la crisis económica han desaparecido casi todos los sellos que publicaban autores españoles. Algunos optaron por montar su propia editorial en la que publican sus obras y también las de otros autores. Es el caso de Cápside, de Sergio Mars, Sportula, de Rodolfo Martínez, o Kokapeli, de León Arsenal. Que yo recuerde, el panorama nunca ha estado boyante, pero a partir de la crisis se ha vuelto más complicado, si cabe. Y por si fuera poco, entran en escena los ebooks, una espada de doble filo. Por una parte amenazan el modelo tradicional de negocio de las editoriales, porque muchos lectores en nuestro país no están acostumbrados a pagar por algo que pueden obtener gratis. Pero también son una oportunidad, porque la edición digital te abre una audiencia potencial mucho más grande. Si quieres vivir de lo que escribes o complementar tu sueldo con una buena tajada, los ebooks son el diablo con cuernos y cola, al menos en España. Pero si el dinero es secundario para ti y tu prioridad es que te lean, la edición digital es tu gran amiga (de hecho, yo empecé así), y puede llevarte a cualquier rincón del mundo.

10- Después de este libro tuyo en Espiral CF, ¿cuáles son tus planes? ¿Estás escribiendo algo ahora mismo?
 
Tengo una ucronía terminada, a la espera de tiempos más interesantes, y actualmente llevo unas doscientas páginas de notas para una nueva novela de CF, que me gustaría empezar a escribir próximamente. Si después de leer esta entrevista aún tenéis interés en conocer algo más de mis obras, de los títulos que he publicado en Espiral CF y de otros muchos, os invito a visitar mi web www.joseantoniosuarez.es. Sois todos bienvenidos.