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Artículo publicado en el suplemento cultural "Territorios" del periódico
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La editorial que dirige Juan José Aroz quiere ser «un puente entre escritores noveles y editores profesionales». Su objetivo es «jugar al póquer con autores desconocidos». Su éxito, no crecer

Su primera incursión en el mundo editorial fue poco ortodoxa. En los comienzos de la democracia, Juan José Aroz publico un fanzine «denso y caótico» que tuvo cuatro fugaces números y tres cabeceras diferentes. Ahora dirige una editorial de ciencia ficción, sin ánimo de lucro, que ha publicado veintisiete títulos en nueve años y jamás ha cambiado de nombre. Se llama Espiral y pretende «tender un puente entre escritores no consagrados y editores profesionales ». En esta aventura no hay ganancias ni números rojos; se juega con tiradas cortas, precios de coste y venta por suscripción. «Ingresas dinero en una cuenta que te abro por correo electrónico y recibes tres libros al año. Cada título cuesta unos 10 euros. Cuando el dinero se agota, te aviso y lo repones. Funcionamos a base de mutua confianza».

Todo empezó en 1994, cuando Aroz decidió repescar y publicar las obras finalistas del Premio de Novela UPC (Universidad Politécnica de Catalunya), con la complicidad de Miquel Barceló. Luego continuó con los autores seleccionados en el Premio Alberto Magno de la Universidad del País Vasco. Comenzó imprimiendo cuadernos universitarios y terminó editando libros «amateurs, pero con calidad profesional», que han conseguido tres galardones en los premios Ignotus concedidos anualmente por la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción: a la mejor obra poética, por el poemario ‘Phaedra’ (2000); a la mejor novela, por ‘Nuxlum’, de José Antonio Suárez (2001), y a la mejor novela corta, por ‘Rax’, de Eduardo Vaquerizo (2001).

En nueve años de vida, Espiral ha publicado veintisiete títulos y recibido tres premios Ignotus

Juan José Aroz advierte de que las naves espaciales y las batallas galácticas no le interesan lo más mínimo. Lo que realmente le apasiona es la ciencia ficción especulativa, «la que te obliga a preguntarte ¿qué hay detrás de mi educación, de mi relación de pareja, de mi psicología? La que te cuestiona lo evidente ». Le gustan las historias que dibujan un futuro a veinte años vista. «¿Te imaginas qué pasará cuando escasee el petróleo? ¿Y los clones? Es muy factible que un día existan. ¿Vivirán en guetos, se integrarán en la sociedad, tendrán su propia cultura? ¿Cómo afectarán los edificios inteligentes a nuestra vida?» Y, tras este arrebato de preguntas que se agolpa en su cabeza, vaticina la llegada de buenos tiempos para el género «porque vivimos momentos de cambios e incertidumbres, que siempre sitúan a éste género en la cresta de la ola. Las épocas difíciles y depresivas favorecen el escapismo y la imaginación. Vamos a ver mucha ciencia ficción en las próximas temporadas, y los escritores tendrán que afrontar el reto de sacar historias novedosas para impedir que el género se quede rancio».

Le encanta que las novelas de Philip K. Dick se conviertan en películas taquilleras, «porque nos sirven de promoción y favorecen la reedición de muchos títulos. En este tren, el cine es la locomotora; los libros, los cómics y los juegos de rol somos los vagones». Asume que algunas adaptaciones cinematográficas dejan mucho que desear, «pero otras, como ‘La naranja mecánica’, mantienen el nivel de calidad». Le gusta que Spielberg se haya mojado con ‘Minority Report’, «dejando en el aire una segunda lectura de la realidad referente a los roles y el estatus de la gente». Y siente verdadera expectación por el estreno de ‘Solaris’ para ver «qué han hecho con la novela de Stanislav Lem».

Aunque la ciencia ficción esté de moda, no siente la tentación de convertirse en editor profesional. Eso le exigiría aumentar tiradas, utilizar distribuidoras y elegir autores «que tengan una garantía de venta». No quiere asumir criterios comerciales. Prefiere arriesgarse a «seguir jugando al póquer con esos escritores desconocidos», cuidando la edición de sus novelas con mimo. «Soy una especie de hombre orquesta. Recibo, leo y selecciono los originales. Maqueto los libros por ordenador, los llevo a imprenta, los recojo y los envío». Aroz tiene tiempo para todo eso porque padece una discapacidad grave que le obliga a vivir en silla de ruedas. «Mi situación económica es estable y esta ocupación no me exige desplazamientos». No apura la máquina en exceso. Determina los objetivos con mesura y fija su límite en tres títulos por año. Más le agobiarían, porque no tiene intención de ampliar ‘plantilla’. Cuatro ojos ven más que dos, pero discuten el doble. Y sospecha que la diferencia de criterios puede terminar convertida en una espiral mortal. «Yo soy la continuidad de la colección. Estaba en 1994, estoy ahora y seguiré en 2010. Continuaré hasta que me muera. El ‘fandom’, el mundo del aficionado, sabe que detrás de Espiral hay una persona estable a la que le gusta lo que hace».

Asegura conocer bien a sus lectores. «Hay de todo. Médicos, profesores universitarios, periodistas, profesionales liberales, obreros. De hecho, uno de los autores que he publicado trabaja en una cadena de montaje. No se trata de un mundo intelectual ni elitista». Aunque todos ellos, inevitablemente, sean lectores empedernidos. «Ésa es una condición sine qua non para pertenecer a este mundillo. Los aficionados a la ciencia ficción, que no es un género menor, leen revistas especializadas, novelas, relatos, cómics. El seguidor de Espiral no es un consumidor masivo de televisión que ve ‘Crónicas Marcianas’». Y recuerda que aquí tenemos una asignatura pendiente: la creación de una Asociación de Fantasía y Ciencia Ficción vasca, como las que tienen catalanes aragoneses, gallegos, asturianos y valencianos. «En Bilbao se celebra una tertulia mensual, pero no existe la implicación suficiente para conseguir ese amalgamamiento. Lo estamos intentando».

LUISA IDOATE

Sorpresa, especulación, inquietud

Lo dice de corrido, sin asomo de duda. «¿Los ingredientes de la buena ciencia ficción? Especulación, imaginación y frescura. Se necesitan situaciones inquietantes, incómodas; sucesos sorprendentes y atractivos que nos transporten a otros mundos». A quienes aún no han caído en estas redes, les recomienda tres títulos: ‘Dune’ (Frank Herbert), ‘La mano izquierda de la oscuridad’ (Ursula K. Le Guin) y ‘Ubik’ (Philip K. Dick). «La primera es compleja, la segunda sociológica y la tercera especulativa. Son una tarjeta de presentación importante. Con ellas sabes perfectamente si te interesa el género o lo dejas». En cuestión de cine, se queda con ‘La guerra de las galaxias’, porque fue un fenómeno social, y con ‘Blade Runner’, un «auténtico icono para el colectivo gay», que ha visto en la programada muerte de los replicantes un reflejo de los devastadores efectos del sida. Le gustaría que un relato de Domingo Santos hubiera ganado el premio Espiral de Ciencia Ficción que creó hace tres años con carácter temático. «En 2000, abordamos la ingeniería genética; el año pasado propusimos la globalizacion y, para esta edición, hemos elegido la Estación Espacial Internacional. Es una oportunidad para los autores que todavía no se atreven con una novela». Disfruta y defiende su territorio. «Soy un editor que lee y cuida todo lo que publica. Mis autores saben que sus libros jamás se quedarán tirados en una balda junto a otros dos mil; que estarán mimados, bien promocionados». Y está convencido de que Espiral ha encontrado su estilo, su dimensión y su público. «Intentaré mejorar en presentación, distribución y contenidos. Trataré de llegar al mayor número de aficionados posible. Pero no cambiaré de ubicación. Mi sitio es intermedio. Paradójicamente, mi éxito consiste en no crecer».

L. IDOATE

EL CORREO
MIÉRCOLES 30 DE OCTUBRE DE 2002