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Juan José Aroz Contacto Información legal

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Reflejo en el agua

Preservad la tierra

Presentación

Fragmentos de futuro

REVISTA ASIMOV:
LO QUE QUEDÓ EN EL TINTERO

Hay pocos trabajos tan satisfactorios y apasionantes como la creación y elaboración de una revista, y la aventura de Asimov ciencia ficción lo fue. Durante dos años, Jesús Rodríguez Beltrán (Ediciones Robel) como editor y yo como director nos lo pasamos en grande con ella, yo seleccionando, traduciendo y dando a traducir los textos, revisándolos y puliéndolos, y él montando, supervisando y controlando la parte material de la edición. Creo sin ninguna vanagloria que la revista Asimov, dentro del marco editorial español de los últimos años, es el producto más digno que ha visto el género de ciencia ficción en nuestro país.
Pero murió a los dos años de nacer. No es ni ahora ni aquí el momento y el lugar para hablar de ello: el hecho de que las revistas de ciencia ficción hayan sido siempre un producto efímero en España (con la excepción de Nueva Dimensión, que fue un caso aparte, fruto de una época, unas circunstancias y una obcecación, pero que pese a todo murió al fin del mismo cáncer que todas las demás) es algo de lo que siento deseos de hablar a fondo, algún día, en alguna otra parte. Ahora no es el momento.

El trabajo de confección de una revista ha de hacerse con bastante anticipación; la tarea de seleccionar, traducir, revisar, montar, encajar en un número determinado de páginas, ilustrar las cabeceras de los cuentos (un detalle del que tanto el editor como yo nos sentimos muy satisfechos y orgullosos), etc., requiere un tiempo, bastante tiempo, por lo que en general cada número del Asimov empezaba a gestarse entre tres y cuatro meses antes de su aparición, y estaba como quien dice para entrar en máquinas casi dos meses antes de que saliera a la calle.
Esto hizo que, en el momento en que se decidió, entre pesares y suspiros, que no quedaba más remedio que suspender su publicación, hubiera ya más de una quincena de cuentos seleccionados de la revista americana, e incluso tres de ellos (uno una novela corta) ya traducidos. Esto en el fondo no tuvo demasiada importancia, pues los royalties a la revista madre norteamericana se pagaban sólo por los cuentos publicados, y las traducciones simplemente se pagaron a quienes las habían realizado aunque no llegaran a utilizarse.
Pero estaban también los autores hispanos.

Desde un principio uno de los objetivos de la revista fue incluir en cada número al menos uno, y a ser posible dos, relatos escritos originalmente en lengua castellana. La iniciativa no pudo tener una acogida más entusiasta, y no sólo por parte del público lector. Los autores –no recuerdo quién fue exactamente, pero un escritor español contemporáneo, famoso por sus sentencias lapidarias, dijo en una ocasión que en España había un escritor en ciernes debajo de cada piedra (¿o quizá dijo que bastaba con levantar una piedra para encontrar debajo a un escritor en ciernes?)– no tardaron ni un parpadeo en responder a la invitación, y en los dos años de vida de la revista me vi inundado de originales. Muchos tenían más ilusión que oficio, un buen número adolecían del defecto de la bisoñez, bastantes apuntaban un futuro prometedor para sus autores pero aún les faltaba madurez, y algunos pocos eran francamente buenos. Quien relea los 21 números aparecidos de la revista y se centre en los autores españoles e hispanoamericanos (sí, desde un principio recibí un buen número de originales del otro lado del Atlántico, principalmente de Uruguay, donde he podido constatar que hay una auténtica «piña» de escritores a los que lo único que les falta ya es sindicarse –supongo–) incluidos en ellos entenderá lo que quiero decir.

En el momento de tener que cerrar la revista, el material hispano fue una auténtica espina clavada en mi corazón. Por aquel entonces, de lo recibido tenía ya seleccionados varios relatos para incluir en los próximos números, suficiente para al menos tres/cuatro de ellos. ¿Qué hacer con él? ¿Decirles a los autores que lo sentía, pero que se buscaran la vida por otra parte? El material daba de sí lo suficiente como para formar un volumen con ellos. Así que me lié la manta a la cabeza, le escribí a Juanjo Aroz –para mí el editor que más está haciendo en estos momentos por la ciencia ficción española– y le propuse mi macabra idea. Le envié los textos para que los leyera (ningún editor trabaja a ciegas, por supuesto, ni aceptando sin más la palabra de un colega, por muy entusiasmado que se muestre éste), y le propuse hacer un volumen con ellos. Le gustó la idea, le gustaron los cuentos, y aceptó hacer el volumen. Le sugerí también el título que figura en el encabezado de este prólogo. No le gustó; reconozco que no es demasiado comercial. Él se decantó por el título que figura en la portada, evidentemente más comercial, aunque a mí no me convenza tanto. Pero siempre hay que aceptar un compromiso.

Bien, ésta es la gestación de este volumen. Podría decir que en realidad cabría considerarlo como un número 22 de la revista, dedicado exclusivamente a autores hispanos. Evidentemente no puede aparecer como tal y con el encabezado de la revista, por obvias razones de copyright: el nombre Asimov pertenece a la revista norteamericana, y si quieres usarlo has de pagar por él. Pero éste es el espíritu. Los ocho relatos que siguen a continuación estaban previstos para aparecer en sus páginas. (En realidad eran nueve, pero el noveno autor no quiso participar: está en su derecho. Los demás se mostraron desde un principio entusiasmados con la idea.)

Como espero que se entusiasme usted, querido lector. Como me entusiasmé yo cuando los leí la primera vez, y como me he entusiasmado reuniéndolos y ordenándolos para ofrecérselos ahora. La ciencia ficción hispana está creciendo. ¡Apoyémosla entre todos y hagámosla grande!

Domingo Santos